viernes, 8 de octubre de 2010

1. Suspicions

El autobus abarrotado era una prueba de que era la hora punta de después de comer. La mayor parte de la gente iba inmersa en sus propios asuntos; escuchando música, leyendo, mirando por la ventana, dormitando...
Una señora mayor no paraba de toser y pasarse un pañuelo de tela color marfil por la nariz, despertando el lado paranoico de la mente de Langly. Él miraba de reojo al asiento donde la señora se había ubicado, alejado del suyo, pero era incapaz de dejar de pensar si se trataba de un simple catarro o si algún extraño patógeno, obra del gobierno o algún otro laboratorio con intereses clandestinos, había sido liberado sobre la población norteamericana y alcanzando precisamente a su compañera de transporte. Ella también le lanzaba alguna miradita a él, pero no debido a pensamientos tan profundos; seguro que pensaba que era raro por llevar una larga melena rubia, en ese momento recogida en una trenza.
Acababa de empezar a llover y una chica con una amplia sudadera negra se puso la capucha para bajarse en la siguiente parada. Langly seguía mirando para atrás cuando ella llegó a la altura de su asiento, por eso no vio venir el momento en que el autobus tomó una curva a demasiada velocidad causando que la muchacha cayera sobre él. De pronto, sin comerlo ni beberlo, se encontró con una mujer prácticamente sentada en su regazo.
"Oh, dios mio, lo lamento muchísimo" dijo atropelladamente mientras recobraba el equilibrio todo lo rápidamente que podía y se volvía a poner en pie "Lo siento"
Langly quedó paralizado unos instantes y sin saber qué responder. Cuando quiso reaccionar, la chica había llegado a la puerta trasera y se bajó del vehículo. Solo en ese momento cayó en la cuenta de que había tenido a una persona sobre él y no le había visto la cara en ningún momento, ya que estaba tapada por la capucha. Su mente neurótica llegó en segundos a la conclusión de que no había sido un accidente. Seguro que le había puesto algún micro, un detector de movimiento, algo... incluso podría haber tomado una muestra de cabello. No le había tocado las manos para cogerle las huellas, ¿verdad?
Una serie de catástroficas consecuencias de ese segundo en su vida pasaban por la cabeza de Langly como una película a cámara rápida. La señora costipada volvió a toser y cuando Langly levantó la mirada para enfocarla, vio como todo el autobus le miraba a él. Normal, parecía un idiota en pie en medio del pasillo, compulsivamente limpiándose la ropa como si le hubiesen bañado en lodo cuando realmente nadie veía nada extraño en él. No podía llamar tanto la atención; estaba en medio de una misión de incógnito. Levantó la vista de la gente que le miraba y vio por la ventanilla contraria un edificio de porte clásico y solemne, quedando atrás.
"Ey" gritó al conductor "Eso es la facultad de derecho. Yo necesito bajarme ahí"
"Pues se ha pasado la parada, amigo. La siguiente esta a unos 300 metros. Le va a tocar andar" contestó el conductor y Langly percibió una sonrisa asociada al comentario.
Era como si todo el autobus pensara al unisono lo mismo: "Si no estuvieras distraido con el costipado de una vieja o en la torpeza de una chica, hubieras visto tu parada, idiota"
Langly caminó hasta a puerta del autobus intentando en sus últimos segundos allí parecer normal, no fuea a ser que alguien le siguiese sospechando que tramaba algo.
Se bajó en la parada y la llovizna le caló en pocos minutos. El agua fría le sirvió para darse cuenta de su tontería; seguro que la vieja solo tenía mocos la chica solo era una pobre universitaria sin sentido del equilibrio pero que se bajaba en la parada correcta. Si se la encontraba en la facultad, le pediría perdón y punto. Y ahora lo que debía hacer era centrarse en la misión.

Una hora después, aún notaba alguna gotita caer desde el extremo de su trenza rubia. El aula magna donde se impartía Derecho Penal era tan amplia que el sistema de calefacción de poco servía. Un chico de rasgos orientales se había sentado justo detrás de Langly pero se había tenido que cambiar cuando el pelo de este había goteado suficiente sobre sus pulcros apuntes. Ahora el chico estaba a algunos metros a su izquierda y le miraba mal mientras cuchicheaba con una chica rubia con apariencia de modelo (y al parecer, también inteligencia de modelo). A la derecha se le había sentado una mujer visiblemente mayor que él, con gafas y un traje caro; Langly dedujo que era una de esas personas que hacían una segunda carrera por pura diversión. Esta le había parecido simpática al principio pero cuando Langly empezó a hacer comentarios sarcásticos al discurso del profesor (al que casualmente había ido a investigar), la mujer decidió dejar de intentar hacer buenas migas con él.
Delante tenía a un grupito de amigas, al parecer, aún metidas en un periodo post-adolescente no superado. Y detrás tenía a varios grupos y parejas de chicas, chicos y mixtos. Solo una chica de pelo castaño cobrizo se sentaba sola, en la última fila, arriba del todo y permanecía, como él, sin tomar apuntes, solo alguna anotación puntual. Langly la había mirado un par de veces pero ella no le había devuelto la mirada; estaba absorta mirando al profesor pero su expresión era como curiosa, un poco desconfiada, como si, al contrario de sus compañeros, no se creyese nada de lo que decía aquel sujeto.
"Y hace bien, este pollo solo dice estúpideces" pensó Langly.
Y es que nadie mejor en aquella sala podía afirmar eso. La clase a la que había asistido trataba de crímenes infórmaticos, algo de lo que Langly entendía más que nadie hacía más de una década. A sus tiernos y actuales 26 añitos, él era uno de los mejores hackers en activo del mundo.
"... Por eso, muchos delincuentes se esconden tras nombres falsos, adoptando el alias de algún personaje con el que se identifiquen como, por ejemplo, un superheroe de comic" decía el profesor.
Langly decidió que hasta ahí la investigación, ese tío era un subnormal y punto. Soltó la 15ª carcajada desde que entró en la clase, la 2ª o 3ª realmente audible.
"Señor... usted, el del pelo descuidado, el de la 5ª fila" dijo el profesor. Langly se levantó; visiblemente ofendido por lo del pelo "¿Se puede saber por qué lleva toda mi clase haciendo comentarios y riéndose, Señor..?"
"Dosy, Osi Dosy"
Mucha gente de la clase se rió mientras que otros miraron a Langly con clara indignación.
"¿De qué me rio? De que tal como explica usted las cosas, profesor Kleynig, parece que los hackers son todos idiotas cuando es completamente al revés. No tiene ni idea de nada de lo que intenta decir"
"¿Y usted es un experto, señor Dosy?"
"Me defiendo... y claramente si yo entrase en su cuenta bancaria y le robase hasta el último céntimo, no firmaría la obra como Batman"
Ante ese comentario, Langly se esperaba algunas risas pero muy pocos valientes apoyaron la burla a tipo del que dependía sus aprobados. De hecho Langly se fijó en que solo algunas de las post-adolescentes mantenían la sonrisa pero se reían de él, no del profesor. La chica del fondo se mantenía muy serena y por primera vez cruzaron las miradas y el vio un claro consenso en su expresión.
El chico oriental le miraba con auténtico desprecio, atreviéndose incluso a rebatirle.
"Mejor firmar como Batman que como Señor Dosy"
"Osi Dosy... es un anagrama de Soy Dios, capullo" Langly echó una mirada general a todos los alumnos, todas visiblemente en contra suya "Quedaros todos con vuestras pamplinas y con vuestra joyita de profesor. Los delicuentes estan a salvo mientras las fuerzas del bien las representen ineptos como los aquí presentes"
Dicho esto, Langly se marchó por la puerta de atrás del aula mientras el profesor Kleynig intentaba poner orden a las múltiples conversaciones en susurros que acababan de surgir. Al pasar al lado de la chica solitaria la miró, pero ella estaba apuntando algo en su bloc de notas y no pudo ni decirle con la mirada que gracias por ser la única que no le creía un estúpido.

Langly se subió a la furgoneta de los Pistoleros Solitarios, aparcada en la parte de atrás del edificio de la facultad. La cara que traía evitó las preguntas por parte de sus compañeros pero él quiso aclararlo para no dejar lugar a dudas.
"Nos hemos equivocado de facultad. Si realmente hay algo grande montado, no es aquí y no es a manos de estos profesores"
Byers asintió con la cabeza mientras Frohike arrancaba el motor y ponía en movimiento la furgoneta.
"Y si hay alguna prueba, no me ayudara a obtenerla esta gentuza, como el señor Kleynig..." completó Langly.
"Pues ya estas pensando otro plan" dijo Frohike dejando atrás el sobrio edificio.
Desde una ventana de la última planta de la facultad, un par de ojos color caramelo les vio desaparecer al doblar la esquina.

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